Estas son las palabras con las que Delia Lerner abre su artículo sobre las realidades, posibilidades y necesidades de la cultura escrita en la escuela, las cuales nos invitan a resignificar estos verbos, que a veces parecen despojarse de su carácter social y cultural para convertirse en simples actividades con sabor a «tarea escolar», dejando atrás las posibilidades de construcción, creación y comunicación que ofrece la cultura escrita, posibilidades que nos permiten habitar en este mundo. Teniendo en cuenta esa invitación, el Plan Nacional de Lectura y Escritura «Leer es mi cuento», del Ministerio de Educación Nacional, presenta a través de la colección Manuales y Cartillas de su serie Río de Letras, estas cartillas para docentes tituladas Prácticas de escritura en el aula: orientaciones didácticas para docentes y Prácticas de lectura en el aula: orientaciones didácticas para docentes. El objetivo de estas publicaciones es brindar herramientas que permitan a formadores y maestros volver la mirada sobre sus prácticas de enseñanza, extrañarse de las mismas, alejarse y, con el lente de observadores perspicaces, tratar de develar qué hay detrás de ellas, qué intenciones las configuran, cuál es su rol como maestros, qué papel juegan los estudiantes y, algo muy importante, para qué se lee y se escribe en ese micromundo que es la escuela; es claro que ella debe generar las experiencias de aprendizaje suficientes para que niños, niñas y jóvenes sean sujetos de derecho y ciudadanos activos en su contexto social, cultural y político.

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